Pasta con salsa cremosa de tomates asados y mascarpone Recipe
Esta pasta es un auténtico «comfort food» italiano casero: una salsa sencilla y cremosa de tomates asados y mascarpone que envuelve cada trozo de pasta. Es algo entre una clásica salsa de tomate y una delicada salsa a base de nata. En Italia se preparan a menudo platos así entre semana, cuando hay poco tiempo pero no se quiere renunciar a una buena comida casera.
Esta pasta combina la profundidad de sabor de los tomates asados con la suavidad del mascarpone, creando una salsa que sabe a cocción lenta pero se prepara en menos de una hora. Es un gran ejemplo de cocina casera italiana: pocos ingredientes, pero cada uno cumple su función: los tomates asados aportan umami y dulzor, el mascarpone suaviza la acidez y el ajo y las hierbas dan carácter. El plato es a la vez ligero en sabor y muy saciante.
Consejos del chef
Asa los tomates hasta que estén ligeramente tostados por los bordes y hayan soltado su jugo: son precisamente esos trocitos dorados los que aportan más sabor. Añade el mascarpone al final, ya fuera del fuego fuerte, para que la salsa no se corte y se mantenga lisa. Reserva siempre agua de cocción de la pasta y añádela poco a poco a la salsa hasta que cubra bien cada pieza: es la clave para una textura cremosa sin resultar pesada.
Sugerencias de servicio
Sirve con una copa de vino tinto italiano sencillo, por ejemplo Montepulciano d’Abruzzo, o con agua con una rodaja de limón si lo tomas entre semana. En la mesa pon solo parmesano recién rallado y un bol de ensalada verde con vinagreta: no hacen falta más acompañamientos. En mi casa esta pasta suele salvar los lunes por la noche, cuando vuelvo tarde del trabajo y quiero comer algo «como de restaurante» pero sin largas horas en la cocina.
Ingredientes
- pasta corta (penne, fusilli o rigatoni) (o cualquier otra pasta corta que te guste) - 320 g
- tomates cherry o tipo ciruela (pueden ser tomates normales cortados en cuartos) - 600 g
- queso mascarpone (se puede sustituir por nata espesa 30%) - 150 g
- ajo (ligeramente aplastados) - 3 dientes
- aceite de oliva (preferiblemente virgen extra) - 3 cucharadas
- orégano seco - 1 cucharadita
- albahaca fresca (hojas, desgarradas con los dedos) - 1 puñado
- sal (al gusto)
- pimienta negra recién molida (al gusto)
- queso parmesano o grana padano rallado (para servir; se puede omitir para una versión sin quesos curados) - 40 g
Preparación
- Precalienta el horno a 200°C (calor arriba y abajo).
- Lava los tomates y corta los más grandes por la mitad o en cuartos. Colócalos en una bandeja de horno forrada con papel de hornear.
- Añade a la bandeja los dientes de ajo (con piel, ligeramente aplastados con un cuchillo), rocía todo con aceite de oliva, espolvorea con sal, pimienta y orégano seco. Mezcla con las manos para que los tomates se impregnen bien de las especias.
- Introduce la bandeja en el horno precalentado y hornea de 20 a 25 minutos, hasta que los tomates se ablanden, se doren ligeramente por los bordes y suelten jugo.
- Mientras tanto, pon a hervir una olla grande con agua. Sálala generosamente (el agua debe estar claramente salada, como el agua de mar). Echa la pasta y cuécela según las instrucciones del paquete, hasta que esté al dente, ligeramente firme en el centro.
- Saca los tomates asados del horno. Retira las pieles del ajo y vuelve a añadir la pulpa blanda a los tomates.
- Pasa los tomates con el ajo a un vaso alto. Añade el mascarpone y tritura con una batidora de mano hasta obtener una salsa lisa y cremosa. Si la salsa te parece demasiado espesa, añade 2–3 cucharadas del agua de cocción de la pasta.
- Escurre la pasta, reservando aproximadamente 1/2 taza de agua de cocción.
- Vuelve a poner la pasta en la olla, vierte la salsa de tomates y mascarpone y añade unas cucharadas del agua de la pasta. Remueve a fuego muy bajo durante 1–2 minutos, hasta que la salsa cubra bien la pasta y quede sedosa.
- Añade las hojas de albahaca desgarradas, salpimienta al gusto y mezcla suavemente.
- Sirve de inmediato, espolvoreando cada ración con queso parmesano rallado.
Conservación
Guarda la salsa en un recipiente hermético en la nevera hasta 2 días. Caliéntala suavemente en un cazo, añadiendo un poco de agua o agua de cocción de pasta fresca para devolverle la textura cremosa. La pasta ya mezclada con la salsa es mejor consumirla el mismo día, ya que se ablanda al recalentarse.