Cazuela de trigo sarraceno, remolacha y feta Recipe
Esta cazuela combina el trigo sarraceno polaco con remolachas asadas y feta salada, así que sabe un poco a encuentro entre un plato principal y una ensalada. Es perfecta cuando quieres comer algo caliente pero lleno de verduras. Suele prepararse entre semana con remolachas asadas que han sobrado de otra comida.
Este plato combina el trigo sarraceno y la remolacha, muy presentes en la cocina casera polaca, con el queso feta, que se asocia más bien con ensaladas mediterráneas. Así consigue un sabor familiar, pero distinto de la típica «clásica de chuleta empanada».
Esta cazuela combina ingredientes muy polacos —trigo sarraceno y remolacha— con la feta intensamente salada, de modo que sabe como una ensalada caliente en forma de plato principal contundente. Las remolachas asadas aportan dulzor y un aroma terroso que se equilibra muy bien con la nata cremosa y el tomillo aromático. Es uno de esos platos que permiten aprovechar restos de verduras asadas y transformarlos en algo completamente nuevo.
Por qué funciona esta versión
- El trigo sarraceno cocido en caldo tiene un sabor más profundo que preparado solo con agua.
- Las remolachas asadas aportan dulzor y jugosidad, por lo que el gratinado no queda seco.
- El feta gratinado en la superficie crea una corteza ligeramente crujiente y salada.
- La nata y las espinacas ligan los ingredientes, pero sin convertirlo en una salsa pesada.
Consejos del chef
Vigila el trigo sarraceno al final de la cocción: debe quedar suelto y ligeramente firme, porque en el horno seguirá cocinándose; si se pasa, la cazuela quedará pesada y pastosa. Al mezclar las remolachas cortadas en dados pequeños con el resto de ingredientes, hazlo con cuidado, mejor con una cuchara ancha, para que no tiñan todo de un rosa uniforme. No salo la cazuela de antemano por culpa de la feta: prefiero probar al final y ajustar, porque cada marca de queso tiene una intensidad distinta.
Sugerencias de servicio
Sírvela como plato único con una ensalada sencilla de rúcula o mezcla de hojas con una vinagreta a base de limón, que refrescará el conjunto. Combina muy bien con un vino blanco seco (por ejemplo, sauvignon blanc) o simplemente con un gran vaso de kéfir al volver del trabajo. Es perfecta como cena caliente después de entrenar: saciante, pero llena de verduras y cereal.
A tener en cuenta
- No sobrecocines el trigo sarraceno: si queda demasiado blando, el gratinado saldrá compacto y pastoso.
- Si usas espinaca congelada, evapora bien el exceso de agua; de lo contrario, el interior quedará aguado.
Sustituciones
- Puedes sustituir el feta por un queso tipo balcánico o de cabra con una salinidad similar.
- La nata al 18 % se puede cambiar por yogur griego espeso, añadido cuando la mezcla se haya templado un poco.
- Las espinacas se pueden sustituir por col rizada (kale) salteada un poco más de tiempo, hasta que se ablande.
Ingredientes
- trigo sarraceno - 200 g
- remolacha medianas, ya asadas o cocidas - 3 piezas
- queso feta - 150 g
- cebolla mediana - 1 pieza
- ajo - 2 dientes
- espinacas frescas o congeladas, en hojas - 100 g
- caldo de verduras puede ser de pastilla - 300 ml
- nata 18% - 100 ml
- aceite de colza - 2 cucharadas
- tomillo seco - 1 cucharadita
- sal al gusto
- pimienta negra al gusto, recién molida
Preparación
- Enjuaga el trigo sarraceno en un colador bajo el grifo. En una olla lleva el caldo a ebullición, añade el trigo, baja el fuego al mínimo y cuece tapado unos 12–15 minutos, hasta que absorba el líquido y esté tierno pero no pasado. Deja reposar 5 minutos tapado.
- Pela las remolachas y córtalas en dados de unos 1,5 cm. Si usas remolachas de la nevera, puedes calentarlas ligeramente en una olla o en el microondas para que no estén frías.
- Pela la cebolla y córtala en dados pequeños. Pela el ajo y pícalo muy fino.
- En una sartén grande calienta el aceite a fuego medio. Añade la cebolla y sofríe 3–5 minutos, removiendo, hasta que se ablande y se vuelva translúcida, sin dorarse. Agrega el ajo y sofríe unos 30 segundos más, solo hasta que se ablande ligeramente.
- Añade las espinacas. Si son frescas, sofríe 2–3 minutos hasta que las hojas se ablanden. Si son congeladas, cocina hasta que se descongelen por completo y se evapore el exceso de agua.
- Pasa a un bol grande el trigo sarraceno cocido, las remolachas, el contenido de la sartén, la nata, el tomillo, una pizca de sal y pimienta. Mezcla con cuidado para que la remolacha no tiña todo en puré, pero para que los ingredientes se integren.
- Precalienta el horno a 190°C (calor arriba y abajo). Unta ligeramente con aceite una fuente resistente al horno. Pasa la mezcla de trigo y verduras a la fuente y nivela la superficie.
- Desmenuza la feta con los dedos por encima de la cazuela, repartiendo el queso de forma uniforme.
- Mete la fuente en el horno precalentado y hornea unos 20–25 minutos, hasta que la superficie se dore ligeramente y el conjunto esté bien caliente y burbujeando suavemente por los bordes.
- Al sacar del horno, deja reposar la cazuela 5–10 minutos para que se asiente y sea más fácil de cortar. Sirve caliente.
Conservación
Guarda las sobras en un recipiente hermético en la nevera hasta 3 días. Recalienta en el horno o en el microondas; si la cazuela parece seca, añade una cucharada de nata o un chorrito de caldo antes de calentar.
Suelo preparar esta cazuela los miércoles, cuando en la nevera me esperan remolachas del asado del domingo y no me apetece pasar mucho rato en la cocina. Me guardo una ración para el almuerzo en el trabajo: al día siguiente sabe aún mejor recalentada en el horno.