Pollo alla cacciatora – pollo a la cazadora Recipe
Pollo alla cacciatora, es decir, pollo a la cazadora, es un plato rústico italiano de pollo estofado en una salsa de tomate y verduras con hierbas. Es algo entre un guiso y un pollo asado en salsa: ideal para una comida familiar cuando quieres una sola olla llena de sabor.
El pollo alla cacciatora es la quintaesencia de la cocina casera “de cazador” italiana: muslos de pollo tiernos estofados en una intensa salsa de tomate y verduras con abundantes hierbas. La combinación de cebolla, zanahoria y apio (el llamado soffritto) con vino y tomate da como resultado una salsa de sabor profundo y seco, rica en umami, que envuelve a la perfección la carne. Es un plato que huele a largo y perezoso almuerzo de domingo, pero se prepara en una sola olla.
Consejos del chef
Es importante dorar bien el pollo por todos los lados al principio: la piel debe quedar realmente bien tostada, porque después aportará mucho sabor a la salsa. No tengas prisa con el estofado: cocina a fuego bajo hasta que la carne empiece a separarse sola del hueso; así te aseguras de que esté tierna y jugosa. Ve con cuidado con la sal, porque la salsa se reduce bastante: es mejor rectificar al final que pasarse y que el plato quede demasiado salado.
Sugerencias de servicio
Sirve el pollo a la cazadora con un cremoso puré de patatas, polenta o simplemente con un trozo de baguette crujiente para recoger toda la salsa del plato. Para beber, elige un vino tinto seco, por ejemplo Sangiovese o Montepulciano, especialmente si también usas vino para el estofado. Es una propuesta estupenda para una comida de sábado con varios invitados: puedes llevar la cazuela de hierro directamente a la mesa y que cada uno se sirva.
Ingredientes
- muslos de pollo con hueso y piel también se puede usar pollo troceado - 4 pieza
- harina para enharinar el pollo - 2 cucharadas
- cebolla cortada en pluma - 1 pieza
- zanahoria cortada en medias rodajas - 1 pieza
- apio (tallo) cortado en rodajas finas - 1 tallo
- ajo picado - 2 dientes
- tomate troceado en conserva - 400 g
- vino se puede sustituir por caldo - 100 ml
- caldo de pollo o de verduras - 150 ml
- aceitunas negras sin hueso opcional, cortadas por la mitad - 60 g
- aceite de oliva - 3 cucharadas
- romero o tomillo frescos o 1 cucharadita seco - 2 ramitas
- hoja de laurel - 1 pieza
- sal y pimienta negra al gusto
Preparación
- Seca el pollo con papel de cocina, salpimienta y pásalo ligeramente por harina por ambos lados, sacudiendo el exceso.
- En una sartén grande y honda o en una cazuela amplia calienta 2 cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-alto.
- Coloca los trozos de pollo con la piel hacia abajo y fríelos 5–7 minutos, hasta que la piel esté dorada y crujiente. Dales la vuelta y fríe otros 3–4 minutos por el otro lado. Pasa el pollo a un plato.
- En el mismo recipiente añade 1 cucharada de aceite, la cebolla, la zanahoria y el apio. Sofríe 6–8 minutos, removiendo, hasta que las verduras se ablanden y se doren ligeramente.
- Añade el ajo, el romero y la hoja de laurel. Sofríe unos 1–2 minutos, hasta que desprendan un aroma intenso.
- Vierte el vino tinto, lleva a ebullición y cocina 2–3 minutos, rascando con una cuchara de madera los trocitos dorados pegados al fondo: ahí está mucho del sabor.
- Añade el tomate de lata y el caldo, mezcla. Vuelve a poner los trozos de pollo con la piel hacia arriba. La salsa debe llegar aproximadamente a la mitad de la altura de la carne.
- Baja el fuego al mínimo, tapa y cocina a fuego lento 25–30 minutos, hasta que el pollo esté tierno y se separe fácilmente del hueso.
- En los últimos 5 minutos de cocción añade las aceitunas. Si la salsa está demasiado líquida, cocina unos minutos destapado hasta que espese ligeramente.
- Al final prueba la salsa y ajusta de sal y pimienta. Retira la hoja de laurel y las posibles ramitas de hierbas. Sirve bien caliente.
Conservación
Guarda las sobras en la nevera en un recipiente hermético hasta 2–3 días. El pollo a la cazadora suele saber incluso mejor al día siguiente, cuando los sabores se han asentado. Caliéntalo suavemente en una cazuela a fuego bajo, añadiendo un poco de agua o caldo si la salsa se ha espesado demasiado. También puedes congelar el guiso hasta 2–3 meses y descongelarlo lentamente en la nevera antes de recalentar.