Ensalada griega con remolacha asada y feta Recipe
La colorida ensalada con remolacha asada, feta y nueces es la respuesta griega al plato otoñal: sencilla pero muy intensa en sabor. En Grecia este tipo de ensaladas suele aparecer en la mesa junto a platos a la parrilla para aportar algo fresco y ligeramente dulce. Es una forma estupenda de reconciliarse con la remolacha en una versión totalmente distinta al borsch o la remolacha rallada tradicional.
Esta ensalada combina la dulzura de la remolacha asada, la salinidad de la feta y el crujiente de las nueces en una versión muy griega, con buen aceite de oliva, orégano y un toque de miel en el aliño. Gracias al horneado, la remolacha se vuelve más concentrada en sabor y muy tierna, mientras que la rúcula aporta un contraste picante que falta en las versiones polacas tradicionales con vinagre y rábano picante. Este plato demuestra cómo con unos pocos ingredientes sencillos se puede crear una ensalada que perfectamente puede sustituir a un almuerzo completo.
Consejos del chef
Asa las remolachas hasta que el cuchillo entre en ellas como en mantequilla blanda: si quedan poco hechas estarán duras y acuosas, y la ensalada perderá su agradable textura cremosa. Siempre dejo que las remolachas se templen antes de cortarlas para que no estropeen la rúcula con el calor del jugo; lo ideal es que estén aún ligeramente tibias, porque así el aliño se absorbe mejor. Desmenuza la feta con los dedos justo antes de servir, en lugar de cortarla con cuchillo: así conservarás trozos más grandes y apetecibles que no se convierten en una pasta.
Sugerencias de servicio
Sirve esta ensalada como acompañamiento de halloumi o pollo a la parrilla: es perfecta para una barbacoa de verano en lugar de las pesadas ensaladas con mayonesa. Para una comida rápida entre semana puedes añadir un puñado de mijo cocido o quinoa para convertirla en un plato completo para el táper del trabajo. En las cenas otoñales con amigos la sirvo en una gran fuente en el centro de la mesa, junto a verduras asadas y pan de masa madre, para que cada uno se sirva según su apetito.
Ingredientes
- remolacha - 500 g
- queso feta - 150 g
- rúcula - 60 g
- nueces - 40 g
- aceite de oliva - 4 cucharadas
- vinagre - 2 cucharadas
- miel - 1 cucharadita
- ajo - 1 diente
- sal
- pimienta
- orégano - 0.5 cucharaditas
Preparación
- Precalienta el horno a 200°C (calor arriba y abajo). Lava bien las remolachas, sécalas, envuelve cada una por separado en papel de aluminio y colócalas en una bandeja.
- Hornea las remolachas unos 40–50 minutos, hasta que estén tiernas por dentro: compruébalo clavando la punta de un cuchillo, que debe entrar sin resistencia. Después sácalas del horno y deja que se templen ligeramente.
- Cuando las remolachas estén templadas pero no calientes, pélalas (la piel debería desprenderse fácilmente) y córtalas en dados grandes o en medias rodajas.
- En una sartén sin grasa, tuesta las nueces durante 3–4 minutos a fuego medio, removiendo a menudo, hasta que empiecen a desprender aroma y se doren ligeramente. Deja enfriar y pícalas groseramente.
- En un cuenco pequeño mezcla el aceite de oliva, el vinagre balsámico, la miel, el ajo prensado, el orégano, una pizca de sal y pimienta. Remueve hasta obtener una salsa homogénea.
- En un plato grande o fuente distribuye la rúcula. Coloca por encima los trozos de remolacha, espolvorea con la feta desmenuzada con los dedos y las nueces picadas.
- Justo antes de servir, riega la ensalada con la salsa preparada y mezcla suavemente en el propio plato para no romper demasiado la remolacha ni la feta. Prueba y, si es necesario, ajusta con más sal y pimienta.
Conservación
Guarda los restos de ensalada sin aliñar en la nevera hasta 1 día; la rúcula aliñada se ablanda rápidamente. Conserva la remolacha, la feta y las nueces por separado y mezcla con la rúcula y el aliño justo antes de servir para mantener la textura crujiente y fresca.