Simit – rosquillas turcas de sésamo Recipe
El simit son rosquillas crujientes por fuera y tiernas por dentro, generosamente rebozadas en sésamo, que en Turquía se venden desde primera hora de la mañana en carritos callejeros. Se comen sobre todo en el desayuno o como tentempié de camino al trabajo, acompañadas de té en pequeños vasos. De sabor recuerdan a una mezcla entre bagel y brioche, pero son más ligeras y con un marcado toque de sésamo.
El simit es la quintaesencia de la calle turca: rosquillas de sésamo que se venden en carritos junto a las paradas de autobús y que crujen en cada bocado. Combinan la suavidad de un pan de levadura ligero con el intenso aroma tostado del sésamo y el ligero dulzor de la melaza, que les da su color y sabor característicos.
Consejos del chef
La clave de un buen simit es una masa elástica y bien amasada: después de 8–10 minutos de amasado debe poder estirarse fácilmente sin romperse. Retuerce los rulos de masa con bastante firmeza y sella bien los extremos, de lo contrario las rosquillas pueden abrirse durante el horneado. Tuesta el sésamo previamente en una sartén seca: la diferencia de sabor entre el sésamo crudo y el tostado es enorme y se nota en cada bocado.
Sugerencias de servicio
Están más ricos aún ligeramente templados, con lonchas de queso amarillo o feta y tomate, como desayuno rápido antes de salir de casa. En casa suelo servirlos como parte de una gran “tabla de desayuno” de fin de semana con aceitunas, pepino, huevos duros y té fuerte. También son un excelente tentempié para el camino: los guardo en una bolsa de papel cuando vamos a hacer un viaje largo en coche.
Ingredientes
- harina de trigo tipo 550 o harina común - 500 g
- levadura seca o 20 g de levadura fresca - 7 g
- agua templada, no caliente - 280 ml
- azúcar - 1 cucharada
- sal - 1.5 cucharaditas
- aceite vegetal - 3 cucharadas
- melaza de uva para el glaseado, se puede sustituir por miel - 3 cucharadas
- agua para mezclar con la melaza - 3 cucharadas
- sésamo semillas, preferiblemente ligeramente tostadas - 120 g
Preparación
- En un cuenco grande pon la harina, la levadura seca, el azúcar y la sal. Mezcla con una cuchara.
- Añade el agua templada (debe estar caliente como un baño agradable, no hirviendo) y el aceite. Amasa la masa con la mano durante unos 8–10 minutos, hasta que esté lisa, elástica y deje de pegarse a las manos. Si es necesario, añade un poco de harina o de agua.
- Forma una bola con la masa, colócala en un cuenco ligeramente engrasado, cúbrela con un paño y deja levar en un lugar cálido durante unos 45–60 minutos, hasta que doble su volumen.
- Mientras tanto, vierte el sésamo en una sartén seca y tuéstalo a fuego bajo durante 3–4 minutos, removiendo a menudo, hasta que se dore ligeramente y desprenda aroma. Pásalo a un plato para que se enfríe.
- En un cuenco pequeño mezcla la melaza con el agua hasta obtener un sirope ligero.
- Vuelca la masa levada sobre una superficie ligeramente enharinada y divídela en 8 porciones iguales.
- Con cada porción forma un rulo de unos 50 cm de largo. Dobla cada rulo por la mitad, retuerce los dos extremos entre sí como una cuerda y une luego los extremos formando una rosquilla. Sella bien la unión para que no se abra.
- Sumerge cada rosquilla en la mezcla de melaza y agua, deja que escurra el exceso y rebózala bien en el sésamo, presionando ligeramente para que las semillas se adhieran bien.
- Coloca las rosquillas en una bandeja de horno forrada con papel de hornear, dejando espacio entre ellas. Cúbrelas con un paño y deja reposar 15–20 minutos para que leven ligeramente.
- Mientras tanto, precalienta el horno a 220°C (calor arriba y abajo).
- Hornea los simit 15–18 minutos, hasta que se doren bien y tomen un color dorado intenso. Si se hornean de forma desigual, gira la bandeja a los 10 minutos.
- Saca del horno y deja enfriar sobre una rejilla al menos 10 minutos antes de comer, para que la miga se asiente.
Conservación
Guarda los simit completamente fríos en una bolsa de papel o en un recipiente bien cerrado a temperatura ambiente durante 1–2 días. Para devolverles la textura crujiente, caliéntalos unos minutos en el horno. También se pueden congelar y recalentar directamente congelados en el horno a baja temperatura.