Crema de calabacín y albahaca a la italiana Recipe
Una sopa crema suave, de color verde claro, a base de calabacín, patata y mucha albahaca. En Italia, este tipo de sopas ligeras se sirven a menudo al principio de la comida, especialmente en verano, cuando el calabacín es barato y está por todas partes. Puedes servirla caliente o ligeramente templada: en ambas versiones sabe de maravilla.
Es una sopa típica de la cocina casera italiana, hecha con “lo que hay”: calabacín del huerto, patata, parmesano y albahaca. Gracias al aceite de oliva y al queso, su sabor recuerda a los primi piatti ligeros que se sirven en las trattorias familiares.
La crema de calabacín y albahaca a la italiana conquista por su textura delicada y aterciopelada y por su color verde intenso, que recuerda inmediatamente al verano. La combinación del suave calabacín, la patata y la albahaca fresca da un sabor ligero y herbáceo que es una excelente apertura para una comida más abundante al estilo del pranzo italiano.
Por qué funciona esta versión
- La patata espesa la sopa de forma natural, de modo que la crema queda aterciopelada sin necesidad de harina ni roux pesada.
- Añadir la albahaca después de retirar la olla del fuego mantiene su aroma intenso y su color verde fresco.
- Ir incorporando el caldo poco a poco permite ajustar con facilidad la densidad de la crema a tu gusto.
- La combinación de caldo y parmesano aporta un sabor más profundo y claramente “italiano” a partir de ingredientes muy sencillos.
Consejos del chef
No hace falta saltear el calabacín durante mucho tiempo: basta con sofreírlo brevemente con la cebolla y el ajo para que conserve su color y frescura. Añade la albahaca solo al final de la cocción o después de retirar la olla del fuego; de lo contrario, se oscurecerá y perderá aroma. Al triturar, ve añadiendo el caldo poco a poco para controlar mejor la densidad de la crema.
Sugerencias de servicio
Sirve la sopa con una cucharada de buen aceite de oliva por encima, un puñado de picatostes o finas rebanadas de baguette tostada. En verano puedes enfriarla ligeramente y servirla en cuencos pequeños como entrante para una comida familiar en el jardín; en invierno, sírvela caliente como cena ligera con un poco de parmesano rallado. Combina muy bien con un vino blanco joven de mesa o con agua con limón y hojas de menta.
A tener en cuenta
- No dores la cebolla; si se dora, oscurecerá el color de la crema y aportará un ligero amargor.
- No sigas cociendo la sopa después de añadir la albahaca, porque el verde se volverá apagado y el aroma se perderá rápidamente.
- Al triturar sopa caliente, no llenes en exceso el vaso de la batidora para evitar salpicaduras y quemaduras.
Sustituciones
- Puedes sustituir el parmesano por otro queso curado duro, como Grana Padano.
- La nata líquida al 30 % puede sustituirse por yogur griego espeso, añadiéndolo cuando la sopa se haya templado un poco.
- Sustituye el caldo de pollo por caldo de verduras para obtener una versión completamente vegetariana.
Ingredientes
- calabacín de tamaño medio - 3 pieza
- patatas medianas - 2 pieza
- cebolla mediana - 1 pieza
- ajo - 2 diente
- caldo de verduras o de pollo - 900 ml
- aceite de oliva - 2 cucharadas
- nata líquida 30% opcional, para una textura más cremosa - 50 ml
- albahaca fresca más unas cuantas hojas para servir - 1 puñado
- queso opcional, para servir - 30 g
- sal al gusto
- pimienta al gusto
Preparación
- Prepara las verduras: pela la cebolla y córtala en dados, pica el ajo fino. Pela las patatas, lávalas y córtalas en dados pequeños para que se ablanden rápido. Lava los calabacines, corta los extremos y córtalos en medias rodajas o en dados de tamaño similar.
- Calienta aceite de oliva en una olla grande a fuego medio. Añade la cebolla y sofríe 3–4 minutos, hasta que esté transparente y tierna pero aún clara; no debe dorarse, solo volverse ligeramente translúcida.
- Añade el ajo y sofríe unos 30 segundos, hasta que desprenda un aroma intenso pero sin que se llegue a dorar. Incorpora las patatas y el calabacín, mezcla y sofríe 3–4 minutos, hasta que las verduras se calienten, empiecen a ablandarse y queden bien cubiertas de aceite aromático.
- Vierte el caldo solo hasta cubrir justo las verduras; si hace falta, añade un poco de agua. Lleva a ebullición, baja el fuego y cuece 15–18 minutos, hasta que las patatas estén tiernas por dentro y el calabacín empiece a deshacerse al presionarlo con una cuchara.
- Retira la olla del fuego. Añade las hojas de albahaca. Tritura la sopa con una batidora de mano hasta obtener una crema lisa y sedosa, sin tropezones visibles; si usas batidora de vaso, tritura en tandas llenando como máximo hasta 2/3 de su capacidad.
- Añade la nata si quieres un resultado más cremoso y tritura brevemente o mezcla bien con una cuchara. Prueba y sazona con sal y pimienta negra recién molida hasta que el sabor resulte más pleno pero sin llegar a estar salado en exceso.
- Valora la textura de la sopa: si la crema está demasiado espesa y la cuchara casi se queda de pie, añade un poco de agua caliente o de caldo y mezcla. Si está demasiado líquida, cuécela 3–5 minutos a fuego bajo y sin tapa, removiendo, hasta que espese ligeramente.
- Sirve la sopa caliente o ligeramente templada, espolvoreada con parmesano rallado y hojas frescas de albahaca. Por último, rocía cada ración con un chorrito de buen aceite de oliva, hasta que se forme una fina capa brillante en la superficie.
Conservación
Guarda la sopa en un recipiente hermético en la nevera hasta 3 días o congélala en porciones. Al recalentar, hazlo a fuego suave, sin dejar que hierva con fuerza, y ajusta la consistencia con un poco de agua o caldo si es necesario.
Suelo preparar esta sopa cuando me llega otra bolsa de calabacines del huerto de unos amigos y no doy abasto para gastarlos. Me gusta hacer una tanda grande y congelarla en recipientes de un litro para tener entre semana un «starter» listo para una cena rápida.