Boureki cretense – gratinado de patatas, calabacín y queso Recipe
El boureki es un gratinado cretense en capas con patatas y calabacín cortados muy finos, intercalados con queso y hierbas. De sabor recuerda a una mezcla entre un gratin de patatas y una ligera lasaña de verduras, solo que sin pasta. En Creta se sirve a menudo como plato principal sin carne o como acompañamiento de carnes a la parrilla.
El boureki es la quintaesencia de la cocina cretense: un gratinado campesino sencillo en el que las patatas y el calabacín cortados finísimos se transforman en un gratin cremoso y casi hojaldrado sin una gota de nata. La menta fresca y la feta salada equilibran la sensación de saciedad, de modo que el plato sigue siendo ligero aunque realmente llenador. Es un gran ejemplo de cómo con unos pocos ingredientes se puede crear algo a medio camino entre la comida reconfortante y la ligereza mediterránea.
Consejos del chef
El mayor secreto de este gratinado son las rodajas realmente finas: si las patatas son demasiado gruesas, el centro quedará duro antes de que la superficie se dore. Tras 35–40 minutos bajo el papel de aluminio, comprueba el centro con un cuchillo: si entra con resistencia, añade 5–10 minutos más cubierto. No te saltes el tiempo de reposo después de hornear: si cortas el boureki enseguida, las capas se desharán y el conjunto parecerá un guiso y no un gratinado.
Sugerencias de servicio
El boureki funciona muy bien como plato principal para una comida perezosa y sin carne, acompañado de un bol de ensalada de tomate y pepino y una copa de vino blanco seco, por ejemplo sauvignon blanc. Como guarnición de pollo o cordero a la parrilla puede sustituir sin problema a las patatas asadas. En verano me gusta servirlo en la terraza, ligeramente templado, con un vaso de ayran o kéfir bien frío en lugar de la clásica salsa.
Ingredientes
- calabacín cortado en rodajas finas - 600 g
- patatas peladas, cortadas en rodajas finas - 600 g
- queso feta desmenuzado - 200 g
- queso amarillo rallado, por ejemplo gouda o cheddar - 100 g
- yogur griego - 200 g
- huevo batido - 2 pieza
- ajo pasado por el prensador - 2 diente
- menta fresca picada, se puede sustituir por perejil - 2 cucharada
- aceite de oliva para el molde y por encima - 3 cucharada
- sal con moderación, la feta es salada - 0.75 cucharadita
- pimienta negra - 0.5 cucharadita
Preparación
- Precalienta el horno a 190°C (calor arriba y abajo). Unta una fuente apta para horno de unos 20×30 cm con 1 cucharada de aceite de oliva.
- Corta el calabacín y las patatas en rodajas muy finas (cuanto más finas, antes se asarán). Si tienes una mandolina de cocina, es un buen momento para usarla; si no, intenta cortar lo más fino posible con un cuchillo.
- En un bol mezcla el yogur griego, los huevos batidos, el ajo, la menta picada, la mitad de la feta desmenuzada, la mitad del queso amarillo rallado, la sal y la pimienta. Debe formarse una mezcla espesa y cremosa.
- Coloca en el fondo de la fuente una capa de rodajas de patata, ligeramente superpuestas. Encima reparte una capa de calabacín. Unta con una fina capa de la mezcla de yogur y queso.
- Repite las capas: patatas, calabacín, mezcla de queso, hasta usar todos los ingredientes. Termina con una fina capa de mezcla de yogur.
- Espolvorea por encima el resto de la feta y del queso amarillo rallado y rocía con 2 cucharadas de aceite de oliva.
- Cubre la fuente con papel de aluminio y hornea 35–40 minutos. Luego retira el papel y hornea otros 15–20 minutos, hasta que la superficie se dore bien y el cuchillo entre en las patatas sin resistencia.
- Al sacar del horno, deja reposar el gratinado 10–15 minutos para que se asiente ligeramente; así será más fácil de cortar y no se deshará.
Conservación
Guarda las sobras en recipientes herméticos en la nevera, preferiblemente ya cortadas en porciones. Se recalienta bien en el horno o en el microondas; también se puede comer a temperatura ambiente al día siguiente.