Tortitas alemanas de patata Reibekuchen Recipe
Reibekuchen son crujientes tortitas alemanas de patata, que a menudo se venden en mercadillos y fiestas acompañadas de compota de manzana. A diferencia de muchas versiones polacas, en Alemania se comen muy a menudo en versión dulce, algo que puede sorprender al primer bocado. Son un excelente tentempié callejero, pero también una comida rápida hecha en la sartén.
Reibekuchen son tortitas de patata alemanas con unos bordes especialmente crujientes que tradicionalmente se sirven en versión dulce con compota de manzana fría. Este contraste —tortitas saladas y doradas con una compota ligeramente ácida— es muy distinto a muchas versiones polacas que se comen con salsa o nata. Son la quintaesencia de los mercadillos y fiestas: comida callejera sencilla y saciante que huele a patata frita y recuerda a los paseos invernales entre puestos.
Consejos del chef
Lo más importante es escurrir muy bien las patatas: cuanto menos jugo quede en la masa, más crujientes serán las tortitas; yo uso un paño de cocina limpio y las exprimo con mucha fuerza. El aceite debe estar bien caliente pero sin humear: si la masa absorbe la grasa y las tortitas quedan aceitosas, es señal de que la sartén está demasiado fría. Fríe tortitas más bien pequeñas y finas; así es más fácil conseguir un exterior dorado y crujiente y un interior bien hecho.
Sugerencias de servicio
Sírvelas directamente desde la sartén, aún chisporroteantes, con compota de manzana fría, exactamente como en los Weihnachtsmarkt alemanes. Para quienes prefieran la versión salada, prepara un cuenco de crema agria con cebollino picado y pepinillo fermentado. Es una propuesta estupenda para una comida sin carne de viernes o como tentempié caliente para una noche de cine, cuando cada uno puede coger una tortita del plato que hay en la mesa.
Ingredientes
- patatas harinosas, para tortitas - 800 g
- cebolla pequeña - 1 pieza
- huevo - 2 piezas
- harina de trigo colmada - 3 cucharadas
- sal al gusto
- pimienta negra al gusto
- aceite para freír, en cantidad generosa
- compota de manzana para servir, casera o comprada - 300 g
Preparación
- Pela las patatas y rállalas con un rallador de agujeros finos o en un robot de cocina. Ralla la cebolla con el mismo rallador.
- Pasa la mezcla rallada a un colador o a un paño de cocina fino y escurre la mayor cantidad posible de jugo presionando con la mano. Cuanto menos líquido, más crujientes quedarán las tortitas.
- Pon las patatas escurridas en un bol. Si en el fondo del bol con el jugo de patata aparece un sedimento de almidón, puedes añadirlo de nuevo a la mezcla y desechar el resto del líquido.
- Añade los huevos, la harina, la sal y la pimienta. Mezcla bien: la masa debe ser espesa pero lo bastante fluida como para poder cogerla con una cuchara.
- Calienta una buena cantidad de aceite en una sartén grande: el fondo debe quedar bien cubierto. El aceite estará lo bastante caliente cuando una pequeña gota de masa empiece a chisporrotear de inmediato.
- Coloca porciones de masa con una cuchara, aplastándolas ligeramente en la sartén para formar tortitas finas. Fríe 3–4 minutos por cada lado a fuego medio, hasta que estén doradas y crujientes.
- Ve dejando las tortitas fritas en un plato cubierto con papel de cocina para absorber el exceso de grasa.
- Sirve las tortitas calientes con compota de manzana fría o, si prefieres la versión salada, con crema agria y cebollino.
Conservación
Las tortitas saben mejor recién hechas, pero las que sobren se pueden guardar, completamente frías, en un recipiente hermético en la nevera durante 1–2 días. Para recuperar el crujiente, recaliéntalas en una sartén seca o en el horno caliente durante unos minutos. No se recomienda congelarlas, ya que pierden mucho la textura.