Tagliatelle con ragù de vino blanco y pollo Recipe
Este ragù claro y ligero de pollo picado y vino blanco es una versión más delicada del clásico ragù boloñés. Los italianos suelen servir este tipo de salsas los domingos en la comida familiar. La salsa está llena de verduras y hierbas, y tiene un sabor suave pero profundo: ideal si te apetece algo más ligero que una salsa pesada de ternera.
Los tagliatelle con ragù de vino blanco y pollo son una versión más clara y delicada del clásico ragù boloñés: aquí hay más verduras y hierbas que carne pesada. El vino blanco y la nata crean una salsa sutil y aterciopelada en la que la carne de pollo queda tierna sin dominar el conjunto. Es un plato con aire de domingo, pero lo bastante ligero como para comerlo entre semana sin sensación de pesadez.
Consejos del chef
Doro la carne de pollo a fuego bastante fuerte hasta que se dore ligeramente: si suelta demasiada agua y empieza a cocerse, la salsa quedará sosa. No merece la pena acortar el tiempo del soffritto de verduras: dale a la zanahoria, el apio y la cebolla al menos 8–10 minutos para que se ablanden y se caramelicen un poco, porque son la base de la profundidad de sabor. Después de añadir el vino blanco, siempre lo dejo reducir un momento hasta que deja de oler intensamente a alcohol y solo entonces agrego el caldo y el resto de ingredientes.
Sugerencias de servicio
Este ragù es perfecto para una comida familiar de domingo cuando quieres servir algo “especial” pero no demasiado pesado: sírvelo en platos amplios, con abundante salsa y parmesano recién rallado. Para beber, elige el mismo vino blanco seco que usaste para cocinar, como un Pinot Grigio, o un tinto suave si lo sirves por la noche. Como acompañamiento basta un bol de ensalada de hojas variadas con una vinagreta sencilla y unas zanahorias asadas al horno.
Ingredientes
- tagliatelle u otra pasta larga al huevo - 350 g
- carne de pollo picada preferiblemente de contramuslos, es más jugosa - 400 g
- zanahoria finamente picada en dados - 1 pieza
- tallo de apio finamente picado - 1 pieza
- cebolla finamente picada - 1 pieza
- vino blanco seco se puede sustituir por caldo de pollo - 150 ml
- caldo de pollo o de verduras - 300 ml
- nata líquida 30% opcional, para un toque cremoso suave - 80 ml
- aceite de oliva - 3 cucharadas
- diente de ajo finamente picado - 1 pieza
- romero o tomillo frescos picados o secos - 1 cucharadita
- hoja de laurel - 1 pieza
- parmesano rallado para servir - 40 g
- sal y pimienta al gusto
Preparación
- Pica la zanahoria, el apio y la cebolla en dados pequeños. Pica finamente el ajo.
- En una sartén grande o en una olla ancha, calienta el aceite de oliva a fuego medio. Añade la zanahoria, el apio y la cebolla. Sofríe 8–10 minutos, removiendo a menudo, hasta que las verduras se ablanden y se doren ligeramente por los bordes.
- Añade el ajo y sofríe 1 minuto más, hasta que desprenda un aroma intenso.
- Incorpora la carne de pollo picada. Desmenúzala con una cuchara para que no queden grumos grandes. Sofríe 6–8 minutos, hasta que la carne cambie de color a claro y deje de estar rosada.
- Vierte el vino blanco, mezcla y cocina 3–4 minutos a fuego medio, hasta que se evapore la mayor parte del líquido.
- Añade el caldo, la hoja de laurel y el romero o tomillo. Baja el fuego y cocina a fuego lento 20–25 minutos destapado, hasta que la salsa espese visiblemente. Remueve de vez en cuando.
- Si utilizas nata, añádela al final de la cocción y cocina 3–4 minutos más, hasta que la salsa quede ligeramente cremosa. Sazona con sal y pimienta al gusto. Retira la hoja de laurel.
- Mientras tanto, cuece la pasta en abundante agua salada hasta que esté al dente. Reserva aproximadamente 1 taza del agua de cocción.
- Pasa la pasta cocida a la sartén con la salsa. Añade unas cucharadas del agua de la pasta y mezcla 1–2 minutos a fuego bajo, hasta que la salsa envuelva bien la pasta.
- Sirve de inmediato, espolvoreado con parmesano rallado y pimienta negra recién molida.
Conservación
Guarda la salsa sobrante (sin pasta) en un recipiente hermético en la nevera hasta 3 días o congélala hasta 3 meses. Recalienta suavemente añadiendo un poco de agua o caldo si es necesario y mezcla con pasta recién cocida.