Risotto con limón y parmesano Recipe
Este risotto claro y cremoso con limón y parmesano es ligero, fresco y aromático: ideal para una comida primaveral o una cena acompañada de una copa de vino blanco. En Italia se sirve como primer plato antes del principal, pero en casa puede ser perfectamente la estrella de toda la comida.
El risotto con limón y parmesano combina una textura cremosa y envolvente con un aroma cítrico muy fresco, por lo que no resulta pesado como muchos platos con queso. La acidez delicada del limón realza el sabor del parmesano y del caldo, de modo que cada bocado es a la vez mantecoso y refrescante. Es un plato que refleja muy bien la filosofía italiana: pocos ingredientes, pero máximo sabor y textura.
Consejos del chef
Añade el caldo en tandas, de un cucharón en un cucharón, esperando a que el arroz casi absorba el líquido antes de añadir la siguiente porción; así los granos soltarán el almidón y el risotto quedará cremoso sin necesidad de añadir mucha nata. El arroz debe quedar al dente: tierno por fuera pero con una ligera resistencia en el centro; normalmente tarda 17–20 minutos desde la primera adición de caldo. Ralla la piel del limón justo antes de incorporarla y no te pases con el zumo: añádelo poco a poco, probando, para no “matar” el sabor del parmesano.
Sugerencias de servicio
Sirve el risotto justo después de mezclarlo con la mantequilla y el parmesano, cuando aún está ligeramente fluido y se extiende lentamente en el plato. Acompáñalo con una copa de vino blanco seco, por ejemplo Pinot Grigio o Soave, y con guarniciones sencillas como espárragos a la parrilla o una ensalada verde con vinagreta. Es un plato perfecto para una cena casera en pareja: tiene un aire “de restaurante” y, sin embargo, no exige pasar mucho tiempo en la cocina.
Ingredientes
- arroz para risotto (arborio o carnaroli) - 300 g
- caldo de verduras o de pollo caliente - 1 l
- cebolla - 1 pieza
- mantequilla - 50 g
- aceite de oliva - 1 cucharada
- vino blanco seco - 100 ml
- parmesano rallado - 60 g
- limón sin encerar - 1 pieza
- nata líquida 30% o 36% - 40 ml
- sal
- pimienta recién molida
- perejil fresco - 2 cucharadas
Preparación
- Calienta el caldo en un cazo pequeño y mantenlo a fuego muy bajo para que esté siempre caliente pero sin hervir.
- Pela la cebolla y pícalo muy fino. Lava bien el limón, sécalo, ralla finamente la parte amarilla de la piel (deja la parte blanca, que es amarga) y luego exprime el zumo y resérvalo.
- En una cazuela ancha o sartén honda calienta el aceite con la mitad de la mantequilla (25 g) a fuego medio. Añade la cebolla y sofríe 3–4 minutos, removiendo a menudo, hasta que se ablande y se vuelva ligeramente translúcida, sin dorarse.
- Añade el arroz, mezcla y rehoga 1–2 minutos, hasta que cada grano quede cubierto de grasa y se vea ligeramente nacarado.
- Vierte el vino blanco y remueve hasta que casi se evapore por completo (unos 2–3 minutos).
- Añade el primer cucharón de caldo caliente, justo hasta cubrir el arroz. Cuece a fuego medio, removiendo a menudo con una cuchara de madera. Cuando el líquido casi se haya absorbido, añade otra porción de caldo.
- Sigue añadiendo el caldo poco a poco y removiendo durante unos 18–20 minutos. El arroz debe quedar tierno pero con el centro ligeramente firme, y el conjunto debe tener la consistencia de una crema espesa: el risotto debe extenderse suavemente en el plato y no quedarse rígido como un bloque.
- Cuando el arroz esté casi listo, añade la piel rallada de limón y 1–2 cucharadas de zumo de limón (empieza con menos; siempre puedes añadir más). Mezcla y prueba: si quieres un sabor más cítrico, añade un poco más de zumo.
- Retira la cazuela del fuego. Añade el resto de la mantequilla, el parmesano rallado y la nata (si la usas). Mezcla enérgicamente durante unos 1–2 minutos, hasta que el risotto quede muy cremoso.
- Sazona con sal y pimienta al gusto. Tapa la cazuela durante 2 minutos para que el risotto “descanse”.
- Sirve inmediatamente, bien caliente, espolvoreado con perejil y un poco más de parmesano.
Conservación
Guarda las sobras en un recipiente hermético en la nevera hasta 1–2 días. Al recalentar, añade un poco de agua o caldo y remueve para devolverle la textura cremosa, o saltea el risotto frío en una sartén para obtener una versión más tostada y crujiente.