Pastel alemán de patata con queso y cebolla Recipe
Este sencillo pastel alemán de patata con queso y cebolla es un plato casero perfecto para una comida perezosa de fin de semana. Es saciante, ligeramente crujiente por encima y agradablemente cremoso por dentro. Recuerda a una mezcla entre tortitas de patata y gratinado de queso, pero sin freír en abundante aceite.
Este pastel alemán de patata combina una crema de nata y huevo con el intenso sabor del queso gratinado y la dulzura de la cebolla que se carameliza en el horno. Recuerda al gratin dauphinois, pero es más rústico y contundente, típico de las comidas caseras en Alemania, sobre todo en los meses fríos. Crujiente por fuera, tierno y jugoso por dentro, es un plato que sustituye tanto a la carne como al acompañamiento de fécula.
Consejos del chef
La clave está en cortar las patatas en rodajas finas y regulares: si son demasiado gruesas, el centro del pastel quedará duro incluso alargando el horneado. Después de verter la mezcla de nata y huevo, mueve suavemente la fuente para que el líquido penetre entre las capas y no queden bolsas secas. No te saltes el reposo tras el horneado: esos 10 minutos en la encimera permiten que el pastel se "ligue" y no se desmorone al cortarlo.
Sugerencias de servicio
Sírvelo como plato principal con una ensalada sencilla con vinagreta o con pepinos en crema, especialmente para una comida dominical tranquila. Para beber, combina bien con un vino blanco ligeramente seco, por ejemplo Pinot Blanc, o una jarra de cerveza rubia si lo sirves en una cena informal con amigos. También es una excelente guarnición para salchichas o carne de cerdo asada cuando quieres sustituir el puré clásico por algo con más carácter.
Ingredientes
- patatas - 1 kg
- cebolla - 2 pieza
- queso amarillo - 200 g
- nata - 200 ml
- leche - 100 ml
- huevo - 2 pieza
- mantequilla - 20 g
- nuez moscada - 0.25 cucharaditas
- sal
- pimienta
Preparación
- Precalienta el horno a 190°C (calor arriba y abajo). Unta con mantequilla una fuente para horno de unos 25×30 cm.
- Pela las patatas y córtalas en rodajas finas, de unos 3 mm de grosor. Si tienes mandolina, úsala para que las rodajas queden uniformes.
- Pela las cebollas y córtalas en medias lunas finas.
- Ralla el queso amarillo con un rallador de agujeros grandes.
- En un bol mezcla la nata, la leche, los huevos, la nuez moscada, una pizca de sal y pimienta. Bate con unas varillas hasta obtener una mezcla homogénea.
- Coloca en el fondo de la fuente una primera capa de rodajas de patata, ligeramente superpuestas. Espolvorea con parte de la cebolla y un poco de queso rallado. Sala y pimienta ligeramente.
- Repite las capas: patatas, cebolla, queso, hasta terminar con todos los ingredientes, reservando un poco de queso para la superficie.
- Vierte por encima la mezcla de nata y huevo procurando que el líquido se reparta de forma uniforme entre las capas. Espolvorea la parte superior con el resto del queso.
- Cubre la fuente con papel de aluminio (con la parte brillante hacia dentro) y mete en el horno precalentado. Hornea unos 30 minutos.
- Pasados 30 minutos, retira el papel de aluminio y hornea otros 15–20 minutos, hasta que la superficie esté dorada y las patatas tiernas; compruébalo pinchando con un cuchillo, que debe entrar sin resistencia.
- Al sacar del horno, deja reposar el pastel 10 minutos para que se asiente y sea más fácil de cortar.
- Corta en cuadrados y sirve bien caliente.
Conservación
Guarda las sobras en un recipiente hermético en la nevera hasta 2 días. Recalienta en el horno o en microondas; si se reseca un poco, cúbrelo al calentar o añade una cucharada de leche o nata por encima antes de recalentar.