Panna cotta de vainilla con salsa de fresa Recipe
La panna cotta es un delicado postre italiano de nata cocida: algo entre un flan y una gelatina, pero mucho más elegante. La base de vainilla y la sencilla salsa de fresa forman un dúo perfecto tanto para el día a día como para ocasiones especiales. Y, además, es un postre sorprendentemente fácil de preparar.
La panna cotta de vainilla con salsa de fresa conquista por el contraste: una base de nata sedosa, que tiembla ligeramente, y una cobertura intensamente afrutada y ácida. Es un postre que parece muy elegante, pero en realidad se basa en unos pocos ingredientes sencillos y una lista corta de pasos.
Consejos del chef
Hidrata siempre primero la gelatina en agua fría y luego disuélvela bien en la nata caliente pero no hirviendo: una temperatura demasiado alta reduce su poder gelificante. La panna cotta debe temblar ligeramente al mover el molde; si queda dura como una gelatina de sobre, la próxima vez reduce la cantidad de gelatina. Antes de verter la mezcla, pásala por un colador para eliminar posibles grumos y fibras de la vainilla: el postre quedará tan liso como una crema.
Sugerencias de servicio
Sirve la panna cotta bien fría, con una capa generosa de salsa de fresa y algunas frutas frescas por encima. Es un postre estupendo para fiestas veraniegas en el jardín, pero también para una cena romántica de San Valentín en casa, porque puedes prepararlo el día anterior y simplemente sacarlo de la nevera antes de servir. Para acompañar, va muy bien una copa de prosecco o agua casera con limón y menta.
Ingredientes
- nata para montar 30% o 36% - 500 ml
- azúcar (aprox. 4 cucharadas) - 60 g
- vaina de vainilla o extracto de vainilla (o 1 cucharadita de extracto) - 1 pieza
- gelatina en polvo (aprox. 2 cucharaditas; se pueden usar 4 hojas de gelatina) - 8 g
- agua fría para la gelatina (aprox. 3 cucharadas) - 40 ml
- fresas frescas o congeladas - 250 g
- azúcar para la salsa (aprox. 1,5 cucharadas; cantidad al gusto) - 20 g
- zumo de limón (para la salsa) - 1 cucharada
Preparación
- Pon la gelatina en un cuenco pequeño, cúbrela con el agua fría, mezcla y deja reposar 5–10 minutos para que se hidrate.
- Vierte la nata en un cazo y añade el azúcar. Si usas una vaina de vainilla, ábrela a lo largo, raspa las semillas y añádelas junto con la vaina a la nata. Si usas extracto, lo añadirás más tarde.
- Calienta la nata a fuego bajo, removiendo, hasta que el azúcar se disuelva y empiece a salir vapor, pero sin que llegue a hervir. Debe estar caliente, pero no en ebullición.
- Retira el cazo del fuego. Saca la vaina de vainilla (si la usaste). Añade la gelatina hidratada y remueve hasta que se disuelva por completo. Si usas extracto de vainilla, añádelo ahora y mezcla.
- Cuela la mezcla a través de un colador fino a una jarra o bol para eliminar posibles grumos. Deja reposar unos minutos para que se temple ligeramente y reparte en 4 vasitos o moldes pequeños.
- Deja enfriar a temperatura ambiente y luego mete en la nevera al menos 4 horas, hasta que la panna cotta cuaje por completo.
- Prepara la salsa de fresa: lava las fresas (descongela las congeladas), retira los rabitos y ponlas en un cazo pequeño. Añade el azúcar y el zumo de limón.
- Cuece a fuego medio 5–7 minutos, hasta que las fresas se deshagan y la salsa espese ligeramente. Puedes triturarla con batidora hasta que quede lisa o dejarla con trocitos de fruta. Deja enfriar y luego refrigera.
- Antes de servir, saca la panna cotta de la nevera. Si está en moldes y quieres desmoldarla, sumerge el fondo del molde unos segundos en agua caliente y luego inviértelo sobre un plato.
- Riega cada ración con la salsa de fresa bien fría. Puedes decorar con una fresa fresca o una hoja de menta.
Conservación
Guarda la panna cotta tapada en la nevera y consúmela en 2–3 días. Conserva la salsa de fruta por separado en un recipiente hermético. No se recomienda congelar, ya que la textura puede volverse granulosa al descongelar.