Gratin alemán de patata Kartoffelgratin Recipe
Kartoffelgratin es una cazuela cremosa de patatas cortadas muy finas y horneadas en nata con queso. En Alemania suele acompañar carnes asadas o se sirve como plato único y saciante para una tranquila noche casera. Su sabor recuerda al gratin dauphinois francés, pero la versión alemana lleva queso y ajo con más frecuencia.
El gratin alemán de patata Kartoffelgratin es un auténtico "comfort food": finas láminas de patata se cuecen lentamente en nata con leche, ajo y queso, creando una salsa sedosa y aromática. A diferencia del gratin francés, esta versión apuesta más por el queso y las hierbas, lo que le da un carácter más intenso y casero. Es un plato que refleja a la perfección el ambiente de una tranquila noche de invierno, con el horno encendido y la cocina perfumada a ajo y nuez moscada.
Consejos del chef
La clave está en que las láminas de patata tengan un grosor uniforme; si no tienes mandolina, tómate tu tiempo para cortarlas con cuidado, porque de ello depende que el gratin se haga de manera homogénea. La mezcla de nata y leche debe estar bien sazonada (incluso ligeramente salada de más), ya que las patatas "beberán" parte del sabor durante el horneado. Después de sacarlo del horno, es imprescindible esperar esos 10 minutos: el gratin se asentará y no se deshará al cortarlo, algo fundamental cuando lo sirves a invitados.
Sugerencias de servicio
El Kartoffelgratin es una guarnición perfecta para pollo asado, cuello de cerdo o pescado a la plancha, pero también puede ser el protagonista acompañado de una simple ensalada con vinagreta. Para beber, elige un vino blanco seco, como un riesling o un chardonnay, o bien, sin alcohol, una limonada casera de limón que refresque el paladar tras cada bocado. En mi casa suele aparecer los viernes por la noche para ver una película, servido directamente en la fuente para compartirlo a cucharadas con la familia.
Ingredientes
- patatas mejor de carne firme, para hornear - 1 kg
- nata para cocinar 30% o 18% de grasa - 300 ml
- leche - 150 ml
- queso amarillo rallado, que funda bien - 150 g
- ajo - 2 dientes
- mantequilla para engrasar la fuente - 20 g
- nuez moscada rallada - 0.25 cucharaditas
- sal al gusto
- pimienta al gusto
- tomillo hierba seca, opcional - 1 cucharadita
Preparación
- Precalienta el horno a 190°C (calor arriba y abajo). Engrasa bien con mantequilla una fuente apta para horno, también los laterales.
- Pela las patatas y córtalas en láminas muy finas, de unos 2–3 mm de grosor. Puedes usar una mandolina o un cuchillo bien afilado.
- Pela el ajo y pásalo por un prensador o pícalo muy finamente.
- En un cuenco mezcla la nata con la leche, añade el ajo, la nuez moscada, el tomillo, la sal y la pimienta. Prueba el líquido: debe estar claramente salado, porque las patatas absorberán parte del sabor.
- Coloca en el fondo de la fuente una primera capa de láminas de patata, solapándolas ligeramente como tejas.
- Cubre con una fina capa de la mezcla de nata y leche, de modo que las patatas queden ligeramente cubiertas. Espolvorea con un poco de queso rallado.
- Repite las capas de patatas, salsa y queso hasta terminar con todos los ingredientes. La capa superior debe ser de patatas cubiertas con salsa y espolvoreadas con el resto del queso.
- Cubre la fuente con papel de aluminio (con la cara brillante hacia dentro) y hornea 35–40 minutos.
- Pasado este tiempo, retira el papel de aluminio y hornea otros 20–25 minutos, hasta que la superficie esté dorada y un cuchillo insertado en el centro entre sin resistencia.
- Al sacar la fuente del horno, deja reposar el gratin 10 minutos para que se asiente ligeramente y sea más fácil de cortar.
Conservación
Guarda las sobras en la nevera, en la misma fuente cubierta o en un recipiente hermético, hasta 2 días. Recalienta en el horno o en una sartén tapada a fuego bajo; al día siguiente también queda muy rico dorado ligeramente en la sartén.