Bolas de patata con queso fresco y cebolla Recipe
Las bolas de patata con queso fresco y cebolla son un plato sencillo y saciante que recuerda un poco a una mezcla entre los pierogi ruskie y los ñoquis polacos, pero en versión “sin rellenar ni sellar”. Ideal cuando te han sobrado patatas cocidas de la comida y quieres convertirlas en algo rico.
Estas bolas de patata con queso fresco y cebolla recuerdan al sabor de los pierogi ruskie, pero sin el laborioso proceso de rellenar y sellar, lo que las convierte en un plato muy práctico dentro de la categoría de “cocina de aprovechamiento”. La combinación de las suaves bolas de patata, el requesón cremoso y la cebolla dorada aporta una comida contundente y reconfortante al más puro estilo comfort food polaco. Es una forma estupenda de aprovechar las patatas cocidas del día anterior.
Consejos del chef
Las patatas deben estar bien frías y ser más bien harinosas: con este tipo las bolas quedan elásticas y no gomosas. Añade la harina poco a poco, solo la necesaria para que la masa deje de pegarse a las manos; si pones demasiada, las bolas quedarán duras. Fríe la cebolla para servirla a fuego bajo y de forma lenta, hasta que esté dorada y ligeramente dulce: no te apresures, porque si se quema aportará amargor.
Sugerencias de servicio
Estas bolas saben mejor regadas con mantequilla y cebolla o con torreznos de panceta, acompañadas de un poco de yogur natural o nata agria. Es un plato contundente para los días fríos, perfecto para una comida tardía de sábado después de un paseo largo o al volver de recoger setas en otoño. Las sobras se pueden saltear al día siguiente en la sartén: se doran agradablemente y resultan aún más tentadoras.
Ingredientes
- patatas cocidas enfriadas, mejor del día anterior - 700 g
- harina más un poco para espolvorear - 150 g
- huevo - 1 pieza
- requesón semigraso tipo polaco (twaróg) desmenuzado - 200 g
- cebolla mediana - 2 pieza
- mantequilla para freír la cebolla - 3 cucharadas
- sal para la masa y el agua
- pimienta para espolvorear
Preparación
- Pasa las patatas por un prensapatatas o tritúralas muy bien con un pasapurés o tenedor, de modo que no queden grumos. Déjalas enfriar por completo si aún están templadas.
- Añade a las patatas el huevo y la harina. Empieza incorporando 130 g de harina y amasa con la mano. Si la masa se pega mucho, añade el resto de la harina. La masa debe quedar blanda, pero manejable y fácil de formar.
- Sobre la encimera espolvoreada con harina, divide la masa en 3–4 partes. Con cada una forma un cilindro de unos 2 cm de grosor, rodándolo suavemente con las manos.
- Corta los cilindros con un cuchillo en trozos de unos 2 cm de largo, formando pequeñas bolas o ñoquis de patata.
- En una olla grande, lleva a ebullición agua con sal. Echa las bolas de patata en tandas al agua hirviendo, removiendo suavemente para que no se peguen al fondo.
- Cuece las bolas de patata 2–3 minutos desde que suban a la superficie, hasta que estén tiernas pero elásticas. Sácalas con una espumadera a un plato o cuenco.
- Pela las cebollas y córtalas en dados pequeños.
- Calienta mantequilla clarificada o aceite en una sartén a fuego medio. Añade la cebolla y fríe de 8 a 10 minutos, removiendo a menudo, hasta que se ablande y tome un color dorado. Vigila que no se queme: debe quedar dorada, no marrón oscura.
- Reparte las porciones de bolas de patata en los platos. Espolvoréalas con el requesón desmenuzado y riega por encima con la cebolla dorada caliente junto con la grasa de la sartén.
- Por último, espolvorea las bolas con pimienta negra recién molida. Sirve inmediatamente, bien calientes.
Conservación
Las bolas cocidas se conservan 2–3 días en la nevera, en un recipiente cerrado. Antes de guardar, rocíalas con un poco de aceite y remueve suavemente para que no se peguen. Para recalentar, hiérvelas brevemente de nuevo o saltéalas en una sartén con un poco de mantequilla o aceite hasta que se doren.